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Director de programación de la Cineteca Nacional de Venezuela y coordinador de nuevos contenidos de la cadena de televisión venezolana Vive TV.


Carlos Tabares: Aburrir a la audiencia es un pecado imperdonable para cualquiera de las artes.

Desde el lunes 16 y hasta el sábado 21 de noviembre de 2009, se realizó en Viña del Mar la XXI versión del Festival Internacional de Cine de la ciudad jardín. En este contexto, el periodista Leonardo Robles realizó una entrevista inédita a Carlos Tabares -invitado como jurado en la modalidad work in progress del Festival- en la que el director de la Cineteca Nacional de Caracas se explaya acerca del cine latinoamericano y el rol de las televisoras comunitarias en Venezuela.


De alguna forma el trabajo del work in progress define una línea editorial del festival, ya que aparte de estar respaldando una película, respalda una forma de ver el cine. ¿A ti qué te parece eso?

Me parece fundamental que se hayan abierto estos espacios en todos los festivales, no sólo en el de Viña, sino en el de Guadalajara también. De hecho, Viña con Guadalajara acaban de firmar un convenio para compartir la labor de work in progress en Latinoamérica, y es fundamental, porque es lo que garantiza que en el próximo festival tengas obras de cine nacional participando con calidad; en el caso de Viña del Mar es un concurso nacional que trata de apoyar al cine chileno, a jóvenes autores chilenos que están por terminar sus primeras obras o, también, a realizadores consagrados que están tratando de seguir desarrollando su carrera. En esta ocasión, me ha tocado ver y evaluar nueve propuestas, nueve películas por terminar, en etapa de postproducción, y que reflejan un abanico bien interesante de lo que es el cine chileno. Tenemos dos documentales y siete ficciones, y las ficciones que hemos visto son bien representativas de lo que yo podría llamar un nuevo modo de contar historias en el cine latinoamericano, que se está viendo en particular en Chile. Se trata de autores jóvenes con una fuerza narrativa bien importante, películas que están marcando hito en festivales, como “Lo bueno de llorar” de Matías Bize, y por el lado documental nos hemos encontrado con sorpresas muy agradables, con temáticas sociales que están un poco explorando en lo que es el entramado social del propio Valparaíso y Viña del Mar, de la mano de autores locales que se están atreviendo a contar sus propias historias.  

Tú me estás hablando de una nueva forma de hacer cine que se está dando en Latinoamérica. ¿Cuáles son los rasgos de esta nueva generación de cineastas? 

Bueno, yo creo que hay, en principio, una urgencia expresiva, una urgencia por contar sus propias historias, por dar su propia mirada de las cosas, que en este momento, me parece, está muy influenciada por los discursos de la televisión, los videojuegos, Internet, el chat, de todas las nuevas tecnologías y de esa nueva dinámica comunicacional que se ha implantado en el mundo y de la que los jóvenes son absolutamente los usuarios fundamentales.  

Entre los sesenta y setenta Latinoamérica hizo una de las filmografías más importantes e interesantes en el mundo. ¿Cómo es que opera ese discurso desde la actualidad? 

El cine latinoamericano no puede de ninguna manera desligarse de lo que ha sido la historia política y social de Latinoamérica, porque han sido procesos truncados en cada uno de nuestros países. Justamente ese discurso de vanguardia de los cineastas ha sido en reacción a una situación político social o truncado por una situación político social. En Chile es un caso absolutamente evidente con el golpe de estado de 1973, donde viene primero la esperanza con Allende, es decir, un pueblo que descubre que es capaz de ser por si mismo lo que antes otros soñaron, y de pronto ese sueño es truncado por un golpe militar que cambia completamente el panorama. Eso sin lugar a dudas potencia discursos como el de Patricio Guzmán, pero también evidentemente tiene que afectar el desarrollo normal de lo que habría sido seguramente una carrera cinematográfica completamente diferente, si la hubiesen dejado desarrollar en su país en el contexto en el que nació, y no hubiese tenido que ser desarrollada en el exilio. Son puras especulaciones, pero digo que siempre hay que tomarlo en cuenta porque en el desarrollo, por ejemplo, de los autores hollywoodenses ésta es una circunstancia que no siempre existe, por lo menos de los setenta en adelante. Después de la insurgencia de estos rebeldes como Coppola y Scorsese, hay generaciones de cineastas que no han vivido un choque político social importante que trunque las carreras, sino que han tenido más bien una libertad de creación dentro de las leyes del mercado que permite de verdad desarrollar aquello que quisieran hacer, pero en Latinoamérica no ha sido así porque ha sido siempre interrumpido por una razón o por otra, cuando no han sido golpes militares han sido golpes económicos, cuando no nos derriba un general nos derriba el Banco Mundial. A veces hay una sensación de siempre volver a empezar. Y claro, desarrollar una carrera ahora que las tecnologías permiten un ejercicio más continuado hace que ya se estén viendo resultados. Pero desarrollar una carrera cinematográfica en Estados quebrados, donde no hay fondos públicos y donde a la empresa privada no le interesa en lo absoluto invertir en el cine nacional, debió ser para ellos una tarea absolutamente titánica. Tener que filmar una película cada diez años, tener miles de ideas y no poder sino elegir una, y filmarla, y cada diez años tener la plata para hacer la siguiente. Eso realmente debe ser devastador para alguien que está buscando expresarse. Todos esos factores deben tomarse en cuenta cuando se analizan las obras de nuestros autores.   

Este festival ha pasado por varias etapas. En sus inicios vino Glauber Rocha, Sanjinés, de Bolivia, y tenía toda una fuerte carga social que ojalá recupere... 

Bueno, hay una cosa curiosa. Este 2009 se celebran 40 años desde el primer festival de Viña del Mar, pero la edición que estamos celebrando es la vigésimo primera. Hay entonces diecinueve ediciones que por una u otra razón no se hicieron, y a eso precisamente me refería con la forzosa discontinuidad de nuestro cine. Evidentemente sigue habiendo aquí la herencia de lo que sembró Aldo Francia, de lo que sembraron todos los cineastas latinoamericanos que estuvieron acá en el 69; vino gente de Venezuela, Argentina, Brasil, Uruguay, más la propia gente que estaba acá en Chile. Ese movimiento que nace aquí en Chile, después se va consolidando en otros países. El siguiente festival después de Viña del Mar fue el que se hizo en Mérida, en Venezuela, donde sale el manifiesto de los cineastas latinoamericanos, y eran los mismos personajes: Glauber Rocha, Pino Solanas, Miguel Littin, Mauricio Wallerstein, etcétera, es decir, hay un movimiento que se originó aquí en Viña que siguió dando un recorrido que fue continental. Luego en Cuba, muy posterior pero en esa misma línea, está la creación de la nueva Escuela de San Antonio de los Baños, es decir, todo eso creemos que tuvo su germen en esa reunión inicial aquí en Viña del Mar, y estoy de acuerdo contigo en que es algo que el festival no debería perder nunca de vista. Es como aquel cuento que compila Jodorowsky, donde habla de un criado que era el favorito del rey y por ello recibía siempre obsequios de él. Éste criado tenía un cuarto con la puerta permanentemente cerrada, y el resto de los criados envidiosos convencieron al rey de que forzara la puerta del cuarto porque ellos estaban seguros de que estaba robando y que todo lo escondía tras esa puerta cerrada. El rey se deja convencer y cuando derriban la puerta lo único que encuentran dentro del cuarto son harapos. Entonces llaman al criado y le preguntan qué es esto, y el criado les responde: son las ropas con las que llegué aquí hace muchos años, todos los días vengo, me encierro y las miro para no olvidar de dónde vine y saber en dónde estoy ahora... Yo creo que el festival tiene que ir todos los años a ver los harapos con los que se inició, y recordar cuál fue la semilla que dio origen a este certamen, cuál fue la motivación inicial de Viña del Mar, y tenerla siempre presente, sin desmedro de que crezca muchísimo y se diversifique, y logre también una retribución económica que permita sostener el festival, y que le de a la comunidad de Viña del Mar una razón para apoyarlo, pero sin olvidar nunca que la razón inicial fue una razón política y social, una necesidad de expresión muy fuerte.  

Quizás ahora el festival se ha ampliado hacia un espectro más académico, de estudiantes que vienen a empaparse de lo que es el cine. Y se ha ampliado también por el tema de la creación de una industria que haga que se sostenga esto, que haya plata para hacer las películas... 

Y que haya plata para exhibirlas también. Yo conversaba con los cineastas jóvenes porque entiendo que hay una etiqueta que pesa mucho en el cine latinoamericano, que es el cine de autor. En Latinoamérica, el cine solamente se planteó como industria en países como México, Brasil y Argentina durante una época determinada: la edad de oro entre la década de los cuarenta y cincuenta, cuando había una industria fuerte del entretenimiento. Pero en el resto de nuestros países y a partir de los años sesenta, más bien lo que ha pesado más es la característica autoral del cine. Y a veces, la característica autoral nos engaña un poco y hace caer a los realizadores en caprichos que van en contra del propio cine. Son muy importantes las salas de arte ensayo y aquí las hay. Está la sala de Cine Arte en Viña y el Cine Arte Normandie en Santiago, pero esas salas para mantenerse necesitan que la gente acuda, que pague una entrada, y para que la gente salga de su casa, se vista, se mueva en metro o colectivo unos cuántos kilómetros, haga una cola, pague el importe de un boleto, y se siente dos horas a ver una película, tú tienes que ser capaz de ofrecer algo que ellos se lleven de vuelta, porque si no es así, no vuelven, y la sala quiebra y los circuitos comerciales no les van a dar cabida a tu película. Y si no tiene cabida tu película nadie va a invertir en ti, porque cómo te voy a dar plata para producir una película que no hay posibilidad de que la vea nadie.

El festival se ha alejado un tanto de lo popular, porque no es la gente de los cerros la que baja hasta el plan a ver las películas de cine. Son estudiantes, gente interesada en el negocio, etcétera. Yo no sé si hay una complementación entre el festival y la ciudad. Tengo mis dudas. En las salas de cine chilenas, las películas que venden recurren al chiste fácil y vulgar. La gente tiene ganas de ir al cine y pasarlo bien, reírse, olvidarse de las cosas, pero esto ¿a qué costo? 

Claro. Ahí es bien importante distinguir el concepto de diversión. Esto lo hemos discutido en Venezuela a propósito de las televisoras públicas, porque a ellas lo primero que se les achaca es que son aburridas, y más si es una televisora como la nuestra que tiene un perfil educativo y cultural. Pero no estamos obligados a ser divertidos, en el sentido de hacer reír, pero sí a ser interesantes, que es un concepto completamente distinto, porque no siempre es con una risa que tú vas a interesar a la gente. Tú puedes interesar con una cosa que es absolutamente seria, pero que está haciendo pensar e interactuar con la pantalla. Un documental de Stephen Hawkins sobre el universo, por ejemplo, no te saca una sola sonrisa, pero te resulta interesante, apasionante, te quedas tan pegado como te quedarías viendo una buena comedia de Cantinflas, por ejemplo. Lo que sí no nos podemos permitir, ni las televisoras públicas ni la cinematografía tampoco, es ser aburridos, y ahí de nuevo el cine tiene que volver a sus orígenes. El entretenimiento es una barraca de feria, es decir, traer a la gente y que se vaya con algo una vez que salga de allí. Ese algo no tiene por qué ser una risa o una lágrima, pero tiene que haber algo. Incluso que la búsqueda de algo sea algo que también me llevo, es decir, no sé qué exactamente es lo que me llevé, pero me voy con la idea de que hay algo que necesito seguir buscando. Eso es un aliciente para volver a las salas de cine. Pero aburrir a la audiencia, creo yo, es un pecado imperdonable para cualquiera de las artes. Tiene que haber un grado de interés y es ahí donde está el secreto de la supervivencia de ese arte, en interesar a las audiencias. En el caso del festival, iremos a Valparaíso a ver a una comunidad que rescató un edificio, a propósito de este asunto de la Unesco y del Patrimonio de la Humanidad. Es un edificio de una comunidad obrera en el Cerro Cordillera, un caso que vi en un documental, bien interesante, porque, por un lado, me parece extraordinario que la Unesco declare Patrimonio de la Humanidad un sitio y que éste se preserve, pero también hay que tener en cuenta a la gente que está adentro. Según vimos en el documental, éste es un curioso caso de organización popular, pero además es un sistema de microcosmos que prácticamente representa la humanidad entera, ya que allí todos están en el mismo problema, pero de todas formas existen las mezquindades y las envidias: el que vive un piso más arriba está mejor porque tiene una mejor vista; el que vive un piso más abajo está mejor porque no tiene que subir las escaleras, y así. Entonces, ese tipo de cosas nos hacen completamente humanos y dan muchísima vida a materiales como el documental que vimos... Creo que el festival debiera ser un espacio para que esa gente se reconozca. Yo vengo de Venezuela y me estoy enterando de una historia interesantísima, que tiene muchísimo para enseñarnos, que está sucediendo en Valparaíso, pero las personas de la población aludida, aunque estoy seguro que han visto el documental de la mano de los autores, quienes están bien comprometidos con la causa, no sé si lo han visto en el contexto del festival, y si saben la relevancia que su historia está teniendo en un festival de carácter internacional. Entonces, eso creo que sería un ejemplo bien interesante de comprobar hasta qué punto comunidad y festival pueden imbricarse en una dinámica.     

Esa necesidad de expresarse que tú ves en el cine latinoamericano actual se vincula a su vez con la tecnología digital, que al masificarse y estar al alcance de quien esté interesado en hacer una película, facilita que cada cual pueda contar su historia, en detrimento de una concepción más elitista del cine... 

Sí, eso tiene dos caras. Por un lado, justamente yo trabajo en Venezuela en un canal que es educativo y cultural, es un canal popular, un canal del estado, que está abierto a las comunidades. Un canal que se creó con el objetivo fundamental de que la gente de las comunidades que estuvieron permanentemente excluidas de los medios de comunicación, aprendieran a utilizar los recursos expresivos de la televisión y pudieran usarlos para expresarse a si mismos. Esa es una cosa que nosotros hemos apoyado mucho en Venezuela, que la libertad de expresión no es solamente la libertad de los medios de comunicación, sino un derecho para todo el mundo. Si hay libertad de expresión para hablar, debe haber libertad para expresarse a través de lo audiovisual. Entonces, con esta masificación de la tecnología justamente lo que se ha dado es la posibilidad de que cualquiera con una cámara de cumpleaños y con una computadora ya es capaz de hacer un discurso. Eso no quiere decir que esa persona se convierta en cineasta, que tenga que desarrollarse como cineasta y llegar a un festival, simplemente quiere decir que esa persona está aprendiendo a expresar sus ideas con medios un poco más amplios que solamente la palabra hablada.

¿Y desde cuándo se está implementando ese proyecto en Venezuela?   

Nosotros tenemos seis años. La televisión se llama Vive y tiene una sede en Caracas y otras en todas las regiones del país. Se trata de una iniciativa que surge de las propias comunidades. Viene de un proceso que se dio con televisoras comunitarias como Catia TV, que jugaron un papel fundamental durante el golpe de estado, porque fueron las redes populares las que permitieron, frente al bloqueo de los medios tradicionales, penetrar la información y decir que el presidente Chávez no había renunciado, sino que estaba secuestrado y que estaba en curso un golpe de estado. Esa red de información fue lo que permitió la movilización y el rescate del presidente y del hilo constitucional. Entonces, el colectivo venezolano, al comprender el poder que se tenía con el simple manejo de las herramientas audiovisuales, propulsó una eclosión de televisoras comunitarias en todas las parroquias de Caracas. Muchas de ellas incluso de forma clandestina. A propósito de eso fue que hoy se trabaja en la ley de responsabilidad social en radio y televisión, que pretende democratizar el espectro radioeléctrico, que estuvo durante los primeros 40 años repartido en un público muy cerrado; todas las frecuencias eran privadas y trabajaban básicamente con los mismos discursos.  

¿Cuántos canales se puedes sintonizar en la televisión abierta en Venezuela? 

Hay seis canales de señal nacional, tres de ellos son privados y tres públicos. Está Venevisión, Televen, Vale TV, luego está VTV, que es el canal propiamente del estado venezolano, la señal oficial, luego estamos nosotros, Vive TV, que tiene cobertura nacional, y luego está Telesur TV y TVES, que es el más nuevo y que ocupó la frecuencia que antes era de Radio Caracas Televisión.  

Tú también vienes acá a invertir... 

Sí. Bueno, nosotros hemos asistido a otros festivales, como el de Guadalajara, porque estamos interesados en llevar programación para nuestro canal, que cumpla con un perfil cultural y educativo. Nos interesan mucho los documentales, la temática social, derechos humanos, excluidos, campesinos, indígenas, es decir, todo lo que tradicionalmente no se mostró nunca en los medios de comunicación en Venezuela y que fue opacado por los concursos de belleza o por las telenovelas; todo lo que la gente no ha visto durante 40 años de televisión.  

¿Y han llegado a algún trato? 

No. La mesa de negocios es recién mañana, pero sí he tenido la posibilidad de conocer algunas personas y de ver algunos materiales que nos van a interesar mucho... Ya se verá luego, porque nosotros somos un canal en Venezuela que no admite publicidad comercial, trabajamos con un presupuesto estatal, somos un canal sin fines de lucro ni ganancias. Entonces, nuestras condiciones de negociación evidentemente no serán las mismas que las de una red privada, que compra productos para venderlos contra publicidad. Nosotros compramos productos básicamente para difundirlos, para darle a la gente ocasión de verlos, pero no recibimos luego ninguna retribución por ello. Sin embargo, creemos que puede ser un valor añadido para un autor el ofrecer la posibilidad de difusión en un país en el que una televisora privada no estaría dispuesta a invertir. Ninguna de las televisoras privadas nuestras están acá, ni Venevisión, o Televen, o Radio Caracas, no asisten a estos festivales a buscar productos, no les interesa en lo más mínimo el cine latinoamericano y sí el cine hollywoodense y se conforman únicamente con las grandes distribuidoras y son fieles a esa línea... Es difícil, porque estamos en una batalla permanente, ya que seguramente a ustedes, a través de la vía de las trasnacionales de televisión, les llega absolutamente lo contrario de lo que estamos haciendo. Todavía, por ejemplo, se dice una y otra vez que Chávez cierra canales. Chávez no ha cerrado ningún canal de televisión, más bien ha fomentado la apertura de nuevos canales. Tú puedes perfectamente hoy en Google teclear y acceder a la página de Radio Caracas Televisión y verás que está transmitiendo exactamente la misma línea editorial completamente antigubernamental, ganando la misma cantidad de dinero que ganaba hace 5 años y saliendo al aire esta vez como canal con subscripción. Lo que sí se hizo fue reasignar una señal que ellos habían ocupado durante 50 años y que pertenece al Estado venezolano. Se venció su concesión y el Estado tiene la potestad de renovarla o no. Lo que se hizo fue no renovar la concesión y otorgársela a un canal de interés público que es TVES, que se creó como fundación, que no es un canal del estado en términos de un canal propagandístico, sino un canal que se creó para desarrollar la producción nacional independiente.  

Años atrás en Valparaíso habían veinte cines, en los cerros, en distintos lugares populares, donde se veían películas mexicanas, westerns. Todas las películas eran dobladas. Hoy en Valparaíso existe un cine Hoyts, megas salas de cine comercial y dos cines porno. Y no hay más cine... 

En Venezuela se ha dado ahora recién un fenómeno que es el circuito de salas comunitarias. Salas comunitarias no es más que un video proyector con un DVD. No es cine, no es 35 milímetros, pero sí llena una necesidad de que la gente tenga espacios para reunirse, ver y discutir sobre discursos audiovisuales. Sería evidentemente deseable que tuviéramos lo que alguna vez tuvimos, que eran grandes redes de salas de cine en 35 y 16 milímetros, pero eso ahora es inviable porque es demasiado costoso tener 35 milímetros.   

Claro, y no puedes construir una casa empezando por el techo. O sea, primero con estas redes comunitarias están creando una cultura, un "piso" de personas que consume material audiovisual y una vez que ya tienes ese auditorio quizás puedes arriesgarte con esas salas de 35 y 16.  

Y te puedes conducir porque lo que estás creando es el hábito, la necesidad de ver y de discutir cine. Y luego esa gente que está en 5 ó 6 salas comunitarias, en un circuito, puede acceder a una sala de 35 milímetros que esté en un punto equidistante más o menos de todas las comunidades y que concentre la necesidad de todas ellas, que permita por volumen llenar esa sala y mantenerse con una oferta permanente y que le de a esta gente la oportunidad de asistir a una sala de cine.  

¿Y a eso es a lo que están apuntando? 

Sí, allá se hizo un convenio entre la Cinemateca Nacional y los Consejos Comunales. Toda organización popular que lo desee acude a la Cinemateca Nacional y ésta le provee los equipos para montar una sala comunitaria. Se hace un estudio de un local que esté más o menos acondicionado, en donde haya evidentemente unas mínimas medidas de seguridad para la gente y se le dota de un video proyector, un DVD y un catálogo de materiales: películas de ficción, documentales, programación infantil. Luego esas salas son servidas también por la propia cinemateca, la que cada vez que tiene un estreno importante hace copias en DVD y las distribuye a las salas comunitarias.   

Hoy existe un montón de cineastas "underground" que no apuestan a las salas y que prefieren estrenar sus películas en Internet, porque no pueden estar esperando fondos estatales. Deciden aprovechar las nuevas tecnologías y así democratizar esto de una vez; liberar de alguna forma el tema de los derechos para que se vean las películas. 

Hay un cineasta venezolano, Alberto Arvelo, que está desarrollando una línea que se llama Cine Átomo, que es hacer cine únicamente con las ganas. Él tiene una especie de decálogo al estilo Dogma, y uno de ellos es hacer cine con cualquier aparato que grabe. Es decir, puedes hacer cine con un celular, sin actores profesionales, sin vestuario, en locaciones naturales reales. El uso de recursos mínimos: una cámara, un micrófono y una luz. Un director, un camarógrafo y un sonidista, y eso es todo. Y está dando resultados bien interesantes y lo que está haciendo es llevando a la gente a una especie de reducción, a descubrir que puedes hacer cine con cualquier cosa, de que la excusa para no hacer cine no es que no tengo la infraestructura... Porque en Venezuela, en este momento, desde las clases más pudientes hasta las más necesitadas tienen un teléfono celular. Todo el mundo tiene un celular, por ende todo el mundo tiene una cámara de video en las manos... Son procesos liberadores del ser humano. Es quitarle a la gente el complejo de que el arte es para los artistas o de que yo no puedo acceder a la cultura ni participar de ella. Aquí se trata de democratizar la cultura, de democratizar la información. Es lo que creemos nosotros que es el verdadero derecho a la información: que todo el mundo se informe y que a la vez sea capaz también de informar, y que cada punto de vista sea valioso y tomado en cuenta. Nuestra ministra de Telecomunicaciones ha hablado también de usar las tecnologías como un modo de fomentar el acercamiento entre las personas. 

¿Y de qué forma esto se puede llevar a cabo? 

Se está haciendo justamente con esa implementación de las televisoras comunitarias, porque para producir éstas necesitan de la organización del colectivo humano. Los recursos están disgregados en los miembros de las comunidades, ya que no existen estructuras de cargos donde la gente pueda vivir única y exclusivamente de hacer televisión, sino que la gente se desempeña en sus labores normales y en el tiempo que puede va a la radio o a la televisión y lo hace de modo espontáneo. Entonces, las personas necesitan organizarse para sacar adelante la televisora. Además, los programas de la televisora comunitaria tienen como objetivo fundamental ir resolviendo los problemas de la comunidad. También, verse a uno mismo en una pantalla, saber que es uno quien genera el discurso, crea un lazo de compromiso con la comunidad... Entonces esto ayuda a romper con ese esquema de alienación de la televisión comercial y enfrentar los problemas.

Claro, porque el 'evadismo' es finalmente una manifestación de rechazo a tu entorno. Muchas veces es tan dolorosa la realidad que no te queda otra opción que evadirte... 

Una de las críticas más fuertes que reciben los medios comunitarios, y también nuestro canal, de parte de medios privados y de parte de sesudos teóricos de la comunicación, es que lo que nosotros hacemos es una televisión mal hecha, con imágenes feas y que no se oye. Nos dicen que lo nuestro no es lenguaje audiovisual, que es balbuceo de lenguaje audiovisual, y nosotros lo asumimos y decimos sí, eso es cierto, pero esa es gente que estuvo cuarenta años con una mordaza en la boca y ahora por primera vez -hace seis años- se le está dando la oportunidad de que digan lo que quieran decir. A los seis años, Jorge Luis Borges balbuceaba, a los seis años Pablo Neruda balbuceaba, pero adónde llegó Neruda. Bueno, quizás adónde llegará esta gente que está aprendiendo a utilizar el lenguaje audiovisual.  

Claro, no es un proceso de la noche a la mañana y la gracia es que cada persona se desarrolle... 

Hay gente a la que sólo le interesa que la escuchen, que tiene una bodega en un abasto y que quiere seguir así, pero quiere tener la oportunidad de decir en televisión aquello que piensa y de escuchar aquello que, cree, también tiene derecho a escuchar. Entonces, de lo que se trata fundamentalmente es de romper con el esquema de la televisión como elemento privativo de la libertad. Lo importante es que haya instancias de organización, donde las iniciativas de los colectivos tengan resonancia. Los resultados se van a ver por si mismos y no tienen que ser necesariamente “El acorazado Potemkin” o “Ciudadano Keane”, porque no es lo que se busca. Saldrá, cómo no, de entre tanta gente de la comunidad que está aprendiendo a utilizar los medios, un Sergei Eisenstein, un Ricardo Larraín, pero el objetivo no es formar cien Matías Bize, sino que la gente sepa existe la tecnología audiovisual y que tiene derecho a usarla, como existe el tenedor y el cuchillo, como existen los libros, como existe el cuaderno y el lápiz.

 

 

Publicado: Lunes 07 de Diciembre de 2009
Ultima actualización: Miercoles 21 de Abril de 2010

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